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01 noviembre 2009

Del sonido a la letra… y más allá.

DEL SONIDO A LA LETRA... Y MÁS ALLA
Por: Gustavo Valdés de León G.A.
Prólogo escrito para el libro "typo" recientemente editado por la UP.

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Letras largas, severas/verticales,/ hechas/de línea/pura,/erguidas/
como el mástil/del navío/en medio/de la página/llena/de confusión y turbulencia…
de Oda a la Tipografía
Pablo Neruda


En el principio fue el verbo

En algún momento, perdido para siempre en la insondable noche de los tiempos, un pequeño grupo de primates de la especie homo decidió que determinados sonidos modulados, acompañados –suponemos: desafortunadamente no han sobrevivido testigos oculares de aquel acontecimiento- por una generosa gesticulación, servirían de ahora en más para designar determinados objetos. Sin saberlo, aquel grupo pionero había inventado el signo verbal, esa sofisticada operación mental mediante la cual objetos y fenómenos de la realidad son sustituidos por sonidos convencionalizados, a los fines prácticos de la comunicación. Sin saberlo, habían inventado el Lenguaje y aquello que, ahora, denominamos “mundo simbólico”, esa diferencia radical que separa el mundo de la “Naturaleza” del mundo de la Cultura y que posibilitó la sociabilidad humana y con ella la pervivencia de una especie biológicamente desvalida en un medio físico hostil: sin saberlo, insistimos en esto, inventaron el Hombre –sí, con mayúscula-, ese problemático ser atravesado, construido, por palabras, y con él, la Historia empezó a advenir y el tiempo a trascurrir.

La laboriosa adquisición del Lenguaje o, con otras palabras, de la capacidad de simbolización, como todo proceso cognitivo fue produciendo, a lo largo de milenios, cambios moleculares y biológicos en la estructura cerebral que se fueron incorporando al
programa genético de la especie hasta hacer del Lenguaje una facultad innata: por primera vez un producto cultural, el sistema de signos, produjo cambios irreversibles en el soporte físico: el software modificó el hardware, lo cultural devino genético. (Este es, a nuestro juicio, el límite de la teoría evolucionista de Charles Darwin, -en otros sentidos, tan estimulante- confinada exclusivamente al mundo de las selecciones “naturales”: la especie humana no es ya un producto de la “Naturaleza”, es un producto artificial.(Al respecto ver Eric Richard Kandel, 2007).


Para acceder a la totalidad el artículo, visiten el siguiente enlace: Del sonido a la letra… y más allá.

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