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20 agosto 2009

Entrevista a Gustavo Valdés de León. Parte I

A lo largo de estos días iré colocando una entrevista realizada por Prensa udgba a Gustavo Valdés de León, docente de la Universidad de Palermo, en mi opinión uno de los más entendidos en teoría del diseño. LEER MÁS >>



¿Que incidencia tiene el Diseño en la sociedad contemporánea? ¿Herramienta de consumo o calidad de vida?

En tanto práctica social el Diseño siempre ha incidido en las sociedades humanas, desde sus orígenes: diseño y sociedad son términos inseparables que se determinan mutuamente en la práctica histórica. En la lucha del género humano por el creciente dominio del mundo material, impulsado por motivaciones económicas, el Diseño ha cumplido siempre un rol fundamental.

En todas las épocas, desde el Paleolítico Superior y con particular potencia desde el Neolítico, la función del Diseño ha consistido en facilitar la reproducción de la vida material de los hombres, tanto en cuanto a su hábitat, vestimenta, armas, herramientas, vehículos y utensilios como en cuanto a la producción y circulación de creencias, ya sean laicas o religiosas, así como a la instauración de modelos de conducta socialmente aceptables.

En la Modernidad tardía que habitamos, el Diseño, como práctica profesional especializada, se ha convertido en un insumo necesario para la producción capitalista, tanto de bienes materiales como simbólicos, atendiendo –principal cuando no exclusivamente– a las demandas del Mercado, –incorporando a los productos valor agregado. En ese sentido, el Diseño ha contribuido poderosamente a la cultura del consumo, condición indispensable para el funcionamiento del sistema económico vigente. El mejoramiento de la calidad de vida de las masas nunca ha sido una prioridad para el Mercado, salvo que tal mejoramiento le procure beneficios económicos o de “imagen”, puesto que su razón de ser, en tanto modo de producción, no es otra que la acumulación de capital mediante el lucro.

Es así como el Diseño gráfico va en camino de convertirse en el apéndice “visual” del Marketing y la Publicidad, de mano de la obsesión casi patológica de las empresas e instituciones por instalar –por cualquier medio– la “marca” del producto, sea este material o intangible, esto es, ideológico, “en la mente del consumidor”. Algunas prácticas “modernas” tales como el Branding, que se ha puesto de moda en algunas instituciones de enseñanza del diseño, se proponen, además, instalar la “marca” ya no en la mente –o no solamente en ella– sino también “en el corazón del consumidor”.

En términos generales, como resultado de este proceso de “aplanamiento” –para usar la muy adecuada expresión de Martin Heidegger– el Sujeto en tanto sede de la acción y de la libertad según el pensamiento liberal, ha quedado reducido a la condición de mero receptor (en el sentido literal del término) de la ideología del Mercado. Sujeto en falta, carente de ser, que sólo alcanza el espesor de la cierta existencia en tanto y en cuanto cumpla el rol de consumidor que el Mercado le asigna. Ni el Diseño gráfico ni el resto de los diseños son ajenos a este proceso global de alienación.

Desde la perspectiva de tu experiencia académica, ¿hacia dónde se dirige la formación académica del Diseñador gráfico?

La formación de los diseñadores responde, inevitablemente, de manera directa o indirecta, a las demandas del mercado laboral, en un doble movimiento.
En primer lugar, y a partir de una concepción funcionalista del diseñador como un profesional capacitado para “resolver problemas” de orden formal, operativo y/o comunicacional que el comitente no puede resolver por sí mismo, la formación estándar tiende a producir en serie “operarios” calificados, capacitados para resolver con eficiencia y rapidez (sobre todo con rapidez) aquellos problemas, en una coyuntura económica y cultural donde la velocidad de circulación y consumo de las mercancías –materiales o intangibles– es condición del “éxito” empresarial y de la acumulación de capital.

En consecuencia, la formación de los diseñadores tiende a privilegiar la instancia de la “práctica” proyectual –la “colgada” de bocetos, en general resueltos con los mismos programas de diseño, es un ritual obligado en los “talleres” de diseño bajo el arbitrio indiscutible del docente de turno en tanto sujeto supuesto del saber–. Todo ello, como es lógico, en detrimento de la reflexión y del análisis de los fundamentos “teóricos” (filosóficos, históricos, científicos, ideológicos y políticos) que condicionan y determinan aquella “práctica”.

El pensamiento crítico es desconsiderado por irrelevante y hasta peligroso al momento de diseñar y los aspectos humanísticos de la formación profesional son sacrificados a la mera empiria –como plantea cierto profesor, al cual nos referiremos más adelante, quien en un “libro” de reciente aparición sostiene paladinamente que “a diseñar se aprende diseñando”, lo que implica la supresión absoluta del pensamiento y la reflexión.
Por otro lado –y de manera complementaria– en la formación de los diseñadores tiende a sobrevalorarse el mito de la “creatividad” –que nunca es explicada científicamente– propiciando un perfil profesional que, más allá de los engorros técnicos y la incómoda e inútil lectura de textos “teóricos”, es, sin embargo, o mejor dicho, pretende ser capaz de proponer, en base a su particular espíritu “creativo”, soluciones originales e innovadoras a los problemas planteados, forjándose la creencia, lamentablemente muy extendida entre los estudiantes, de que para ser diseñador “no hace falta estudiar”.

En tanto las políticas pedagógicas oscilen entre la formación de profesionales hábiles para un determinado “oficio” –como sostienen algunas figuras canónicas de la farándula académica– o la formación de diseñadores “estrella” cuya creatividad omnipotente, casi en los arrabales del Arte o de la patología, les permite arribar a soluciones “brillantes” sin esfuerzo intelectual alguno, el Diseño no podrá superar su condición actual de disciplina menor, subordinado a instancias académicas más “serias” y prestigiosas –como ocurre en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la U(N)BA en la cual las carreras de grado de los diseños fueron colonizadas desde su origen por la Arquitectura o, mejor aún, por “el pensamiento de la Arquitectura”, según la fórmula pergeñada por Guillermo González Ruiz.

En el “libro” antes mencionado el autor se ocupa con esmero en desacreditar todo tipo de reflexión teórica en la formación de los diseñadores, desde su propia –y tautológica– definición de la disciplina: “Diseño es lo que hacen los diseñadores cuando diseñan”. Consecuentemente, el “libro” en cuestión carece en absoluto de referencias bibliográficas, gesto heroico del autor que no ha perdido su valioso tiempo –que seguramente invertirá en “hacer” diseño –en leer libro alguno sobre el diseño y su enseñanza –y lo hace evidente.

No obstante, se está trabajando por elevar el nivel académico en la formación del diseñador –y aquí corresponde mencionar a la Universidad de Palermo, entre otras– implementando ciclos de Licenciatura y de Maestría en Diseño que una vez consolidados irán definiendo, en el corto plazo, un nuevo tipo de profesional del diseño en el que confluyan una formación rigurosa en los aspectos técnicos y una mirada humanista y totalizadora del complejo entorno social sobre el cual ejercerá su profesión, todo ello desde la particular situación de nuestra identidad latinoamericana.

[1] Valdés suele agregar la N entre paréntesis. Advierte que, “quizá como una manifestación inconsciente del centralismo porteño en el significante, la Universidad de Buenos Aires –UBA– es la única Universidad nacional que reniega de dicha condición desde su nombre propio.”

FUENTE: El permiso para la publicación de esta entrevista realizada por Prensa udgba en Blog Amuki, fue concedido por Gustavo Valdés de León.

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1 comentarios:

Maria Victoria dijo...

curse con este hombre en la facultad teorica semantica aplicada al diseño y muy bueno!