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21 noviembre 2008

9. Fragmentación política

Artículo: Ni Macondo ni Macdonalds: otra América es posible
Por: Gustavo Valdés de León

Al calor de las tendencias que exaltaban el espíritu de la raza americana y en el marco de la irrupción de nuevos actores sociales en la escena política –el campesinado combatiente en la Revolución Mexicana, las capas medias de origen inmigratorio con el Yrigoyenismo en la Argentina, entre otros– empieza a consolidarse la idea de la “unidad latinoamericana” y de la “Patria Grande” (Manuel Ugarte, 1922) desde posiciones antiimperialistas, una de cuyas fuentes puede encontrarse en el proyecto utópico de los “Estados Unidos del Sur”, de los “ilustrados” argentinos y en el supuesto de que los líderes de las guerras de emancipación, en particular Simón Bolívar –así como algunos caudillos populares del período de las guerras civiles en Sudamérica, como José Gervasio de Artigas o Felipe Varela– postulaban la idea de la unidad política de Latinoamérica como respuesta estratégica a la vocación expansionista de los americanos del Norte. Más allá de sus proyecciones literarias y de su carga emocional, el ideal de la “Patria Grande” resultó inviable.


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En efecto, una de las primeras consecuencias de la Emancipación latinoamericana, entre 1810 y 1825, fue la fragmentación territorial de las unidades políticas y administrativas de la Colonia. El “imperio” de México, que se fundó sobre el espacio geográfico del Virreinato de Nueva España, se vio despojado muy pronto de mas de la mitad de ese territorio (Texas, Nuevo México y California) por el irrefrenable expansionismo norteamericano.

La Capitanía General de Guatemala, que abarcaba a la totalidad del istmo centroamericano, de Chiapas a Panamá, se fragmentó en cinco pequeñas e inviables naciones, a pesar de los esfuerzos políticos y militares de Francisco Morazán y de Justo Rufino Barrios, quienes pagaron con sus vidas su ideal unionista. El Virreinato de Nueva Granada, base territorial del sueño bolivariano de la Gran Colombia, se dividió rápidamente en tres países. Finalmente el Virreinato del Río de la Plata siguió la misma suerte: la Banda Oriental, el Alto Perú y el Paraguay, además de la Argentina, tras una sucesión de guerras civiles, se convirtieron en repúblicas independientes.

La única organización del período colonial que conservó, amplió y consolidó su unidad territorial fue el Imperio del Brasil, luego República Federativa del Brasil. La adhesión de sus dirigentes al ideario positivista, también compartido por Porfirio Díaz en México, quedó perpetuado en el lema “Ordem e Progresso” que ostenta su bandera.


Acerca del autor:
Valdés de León, Gustavo (2006). Ni Macondo ni Macdonalds: otra América es posible. Acerca de la identidad latinoamericana. Artículo disponible en línea en las Actas de Diseño del Encuentro Latinoamericano de Diseño 2006 realizado por la Universidad de Palermo.
Gustavo Valdés de León es profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.

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