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21 noviembre 2008

13.1. Ni Macondo...

Artículo: Ni Macondo ni Macdonalds: otra América es posible
Por: Gustavo Valdés de León

Macondo es la metáfora de la repetición de un presente inalterable que perpetúa un pasado perfecto –animista y barroco, indígena y colonial, patriarcal y conservador– apegado a la tradición, visceralmente refractario a la razón iluminista y a la Modernidad y constituye una respuesta obediente a la imagen de atraso secular e incorregible –el “sud desarrollo” crónico– que el espejo europeo ha construido de nosotros, el mundo de lo “real maravilloso”.

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El “macondismo” ha reinado en Latinoamérica desde su Emancipación, su empecinada apología de las tradiciones ha enmascarado históricamente la defensa de las estructuras de dominación. Sus construcciones ideológicas acerca del “ser nacional” –jamás definido con precisión–, de las Fuerzas Armadas como la esencia misma de la Patria y su fundamentalismo clerical han proporcionado los argumentos doctrinarios de los nacionalismos de derecha y de los ovimientos contrarrevolucionarios en Latinoamérica, desde los “cristeros” opuestos al laicismo agresivo de la Revolución Mexicana durante la presidencia de Plutarco Elías Calles – el primer presidente latinoamericano de extracción obrera– hasta los ideólogos y ejecutores de la Doctrina de Seguridad Nacional de los años setenta.

De origen rural, expresión de un romanticismo reaccionario, una de sus principales manifestaciones es la llamada “religiosidad popular” que consiste en el culto multitudinario de íconos sagrados o profanos: la adoración pública de imágenes avaladas por la jerarquía eclesiástica, como la virgen de Guadalupe, la de Luján, la de Itatí, la de Copacabana y muchas otras, o el Señor de Esquipulas o San Cayetano, pero también la “santificación” –no reconocida por la jerarquía– de personajes populares tales como el Gauchito Gil o la Difunta Correa (en la Argentina) a todos los cuales se les atribuye por igual propiedades curativas y milagrosas.

La erección de altares o santuarios en conmemoración de la muerte violenta de artistas populares (caso Rodrigo) o la de fanáticos de grupos musicales (caso Cromagnon) víctimas de un accidente fatídico, también forman parte de este tipo de religiosidad de carácter sincrético, en la cual se mezclan y confunden de manera indiscriminada, creencias cristianas, supersticiones, temores arcaicos, pensamiento mágico, bajo nivel educativo y formas precapitalistas de protesta social: por esta vía las manifestaciones de la religiosidad popular se incorporan al ámbito urbano.

Al espíritu macondiano pertenecen por derecho propio personajes como el general mexicano Justo A. Santa Anna quien, siendo presidente de su país, hizo dar sepultura a una de sus piernas –perdida en combate– con los honores correspondientes a Jefe de Estado; Manuel Estrada Cabrera quien gobernó Guatemala con mano de hierro por 22 años consecutivos –inmortalizado por Miguel Ángel Asturias en El Señor Presidente, como prototipo del dictador latinoamericano– así como el general Miguel Idígoras Fuentes quien, en su carácter de presidente de aquella nación, se presentó ante las cámaras de televisión enlazadas en cadena nacional para realizar una exhibición gimnástica y demostrar, de este modo, que no estaba “enfrascado”,esto es, sometido a un maleficio brujeril –como afirmaban sus opositores–; y, por supuesto, Francois Duvalier, Papá Doc, que incorporó al ejercicio del poder político la práctica de la magia negra –el vudú– gracias a la cual y a su brazo armado, los “tontons macoute”, logró no sólo ser proclamado presidente vitalicio del Haití sino heredar dicho título a su hijo Jean-Daniel, Estos gobernantes –y muchos otros, y esto también es “macondismo”– se asociaron con empresas norteamericanas como forma de legitimar su barbarie ante la civilización, la que no tuvo dificultades, ni éticas ni estéticas, en aceptarlos como adalides de la cultura occidental y cristiana, en especial durante el período de la Guerra Fría.

Sin pretender cuestionar sus valores estéticos y etnográficos el folclore, tanto aquel de raíz aborigen como el de raíz mestiza, termina siendo funcional al “macondismo” en tanto se esfuerza por conservar los estereotipos rurales y arcaicos de sus orígenes, estereotipos que para la Modernidad no son otra cosa que restos incómodos del pasado, que aún sobreviven, tanto en la Latinoamérica profunda, campesina y precapitalista, como en los cordones de viviendas precarias que rodean a las grandes ciudades, pobladas por migrantes internos o de países limítrofes expulsados de sus lugares de origen por la violencia política o la desocupación crónica.

El pensamiento mágico y el voluntarismo omnipotente también forma parte del mundo de Macondo, en ese sentido es un –dramático– ejemplo la imposible Revolución que en 1932 encabezó el Partido Comunista de El Salvador, liderado por Farabundo Martí que se proponía instalar una república soviética en aquel minúsculo país centroamericano y cuyo resultado fue el fusilamiento de cerca de 10.000 trabajadores urbanos y campesinos –incluyendo a la dirección del Partido– en manos de las tropas del tiranuelo de turno, Maximiliano Hernández Martínez quien quedó en la historia estigmatizado como “el Teósofo Fusilador”: la represión desatada tras el fracaso de esta Revolución retardó por decenios el surgimiento de alternativas progresistas en
aquella nación: el “realismo mágico” de Macondo suele asumir también un rostro trágico y sangriento.


Acerca del autor:
Valdés de León, Gustavo (2006). Ni Macondo ni Macdonalds: otra América es posible. Acerca de la identidad latinoamericana. Artículo disponible en línea en las Actas de Diseño del Encuentro Latinoamericano de Diseño 2006 realizado por la Universidad de Palermo.
Gustavo Valdés de León es profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.

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