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15 agosto 2008

Resistencia e hibridación

Latinoamérica en la trama del Diseño.
Entre la utopía y la realidad


Por: Gustavo Valdés de León

Resistencia e hibridación

Las sociedades originarias, su cultura y su diseño –que había alcanzado un nivel comparable al contemporáneo medioevo tardío europeo,(el arte en este contexto es un concepto anacrónico)- fueron brutalmente destruidas, barbarizadas y fragmentadas por la civilización occidental y cristiana, representada por los Conquistadores, a partir de 1492, quienes con el recurso de su mayor poderío militar impusieron por la fuerza sus valores y creencias a los pueblos originarios –ése Otro absoluto para la mentalidad dominante- que fueron privados, incluso, de su condición humana, reducidos a simples objetos de uso: sus instituciones políticas fueron desmanteladas, el tejido social destrozado y su cultura convertida en barbarie (aún faltaban varios siglos para que la Europa imperialista inventara la moderno Antropología). Como los restos profanados de un espejo roto los sobrevivientes de ese mundo originario que nunca tuvo nombre propio, los sobrevivientes del primer Holocausto de la historia moderna (los cálculos mas conservadores estiman en cerca de 50 millones las muertes causadas por la violencia imperial durante la conquista) se refugiaron en las comunidades locales –y en en su interior anímico y lingüístico- iniciando el largo proceso de hibridación que marca nuestra historia.

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La única forma viable de resistencia social consistió, entonces en la aceptación formal de los rituales, verbales y conductuales, impuestos coercitivamente por la Iglesia y la Corona, dando lugar al sincretismo cultural que caracteriza a Latinoamérica: asumir en la exterioridad como propias las conductas sociales impuestas por el invasor, tratando de mantener vivas las tradiciones ancestrales, adaptadas a las circunstancias de la dominación.

Mas tarde, con la introducción masiva de esclavos africanos para el trabajo en las plantaciones, aquellos que sobrevivieron a las penurias del viaje, al desarraigo, al sadismo de los esclavistas y a las nuevas y desconocidas enfermedades introducidas por los blancos, pusieron en práctica la misma estrategia de supervivencia: las antiguas divinidades se fueron transmutando en figuras del santoral católico, los ritos ancestrales se mimetizaron en las nuevas ceremonias religiosas, como la única manera de mantenerlos vivos en el imaginario social. Aunque pueda resultar desagradable, la cultura Latinoamericana es el producto inestable de los pueblos vencidos que pudieron sobrevivir a la catástrofe de la Conquista, en otras palabras, nuestra cultura es producto de de la violencia de los conquistadores extranjeros y su consecuencia, el mestizaje.

México y Lima, las grandes ciudades coloniales de la América Hispana (que todavía no era Latina) fueron construidas imitando los estilos dominantes en los centros urbanos europeos adaptados a las nuevas circunstancias geográficas y humanas. Las técnicas, las estéticas y, en ocasiones, los materiales mismos, fueron importados de Europa. Todavía en el siglo XIX en las modernas ciudades emergentes, como Buenos Aires, se importaban también arquitectos extranjeros para el diseño y construcción tanto de mansiones privadas como de obras públicas, los que introdujeron las tendencias historicistas y neo-clasicas –y, ya en el siglo XX, el estilo internacional del Movimiento Moderno.

El Diseño del período colonial se define por su hibridez; la conjunción, aleatoria, de la impronta proselitista de la Contrarreforma con los remanentes de las culturas originarias dio como resultado una versión, propia americana, o mejor, indiana, del Barroco y el Rococó, presente tanto en las arquitectura y la escultórica de El Aleijadinho (Antonio Francisco Lisboa) en el Brasil, como en la escuela musical que floreció en las Misiones Jesuíticas, con epicentro en Chiquitos, en los “ángeles arcabuceros” de la escuela de Potosí (ambos en el Alto Perú) y en el fastuoso esplendor visual de las catedrales que enjoyaron las principales ciudades de los Virreynatos de Nueva España y del Perú, lujosamente ornamentadas; las prescriptivas renacentistas se funden, no necesariamente de manera armónica, con las milenarias tradiciones locales creando un estilo de caracteristicas específicamente americanas.

La tensión entre lo autóctono y lo exógeno (en Latinoamérica lo verdaderamente exótico es lo europeo), entre tendencias centrípetas y centrífugas, entre lo auténtico y lo imitado, entre la barbarie y la civilización, y como resultante, la hibridez conceptual y formal, definen desde sus orígenes al Diseño Latino americano: su enorme riqueza en la cual finca su identidad es también la causa de los obstáculos, a veces insalvables, que se presentan al momento de pretender establecer tipologías y categorías de análisis que instauren un cierto orden sobre tal heterogeidad: igual que ocurre con Latinoamérica, que le ha dado origen y tallado su multiforme fisonomía, el Diseño Latinoamericano se torna inasible en su misma multiplicidad, transmutándose en mito.

Fuente:
Cuaderno del Centro de Estudios en DyC [Ensayos] Vol. 26. Agosto, 2008.
Artículo original: Cuaderno Nro. 26 del Centro de Estudios de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. (Pág. 53-61).

Gustavo Valdés de León: Diseñador Gráfico (Escuela Panamericana de Arte). Operador Grupal (Escuela Abierta de Psicología Operativa). Profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.

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