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13 agosto 2008

Latinoamérica en la trama del Diseño

Latinoamérica en la trama del Diseño.
Entre la utopía y la realidad


Por: Gustavo Valdés de León

En el ensayo de Gustavo Valdés de León se realiza un profundo análisis de las interrelaciones teóricas y pragmáticas del Diseño como disciplina emblemática de la Modernidad con la realidad -histórica, económica, cultural y política- de Latinoamérica. Para armar esta idea su autor realiza la operación de desarmar metafóricamente una gran caja llena de conceptos que es necesario comprender en profundidad para llegar a pensar en el diseño latinoamericano. Por este motivo, e intentando presentar en todo momento un recorrido por el diseño de América latina, hace referencia al diseño en sí, a Latinoamérica, su nombre y su historia, la relación entre resistencia e hibridación, como se pasa de una etapa de resistencia a otra caracterizada por la imitación.

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"Ni la razón ni la ciencia pueden satisfacer completamente la necesidad de infinito que hay en el hombre, solamente el mito tiene el extraño poder de alcanzar las profundidades del ser". José Carlos Mariátegui (citado por Piñeiro Iñíguez, 2006)

Intentar un examen en profundidad de las interrelaciones teóricas y pragmáticas del Diseño como disciplina emblemática de la Modernidad con la realidad -histórica, económica, cultural y política- de Latinoamérica, implica despejar, en primer lugar, los términos en juego para aventar de entrada cualquier equívoco conceptual.

Acerca del Diseño

El acto de diseñar se define como un proceso de trabajo intelectual y manual que se despliega en el tiempo y cuyo carácter diferencial se concreta en la instancia del proyecto.

Proyectar significa pre-figurar, pre-ver, esto es, imaginar un estado de cosas o un objeto que, por alguna razón hacen falta pero que no existen efectivamente en el momento de iniciarse el acto de diseño y que existirán, de manera inexorable, al finalizar tal proceso, esto es, en un futuro posible, mas o menos próximo, que se verá modificado por la nueva situación o por el nuevo objeto diseñado.

En este sentido, amplio, la facultad de proyectar -como la del Lenguaje- es innata y exclusiva de la especie humana, cuya existencia se realiza en la sucesión temporal e irreversible de presentes continuos -que de inmediato devienen pasado- en una sumatoria aleatoria de eventos que el sujeto, en la medida de sus posibilidades, intenta ordenar como relato coherente producido por él de manera deliberada, aunque, en última instancia, aquella sumatoria no sea mas que efecto de sus reacciones frente a acontecimientos que se le presentan con la rotundez de lo inevitable: el sujeto es su libertad y ésta se despliega en la trama inexorable de la temporalidad, en la elección entre diversas alternativas que determinan cursos de acción mutuamente excluyentes, en los cuales la posibilidad de ballotage –mezclar y dar de nuevo- es inexistente.

A partir de esta condición, irrenunciable y universal, las sociedades humanas o, mejor, los hombres en sociedad se han ido apropiando de la Naturaleza material –que durante muchísimo tiempo no tuvo dueño- compensando su propia precariedad biológica mediante la invención, es decir, mediante el diseño, de artefactos técnicos que, en carácter de prótesis, les permitieron construir, esto es, diseñar, la enorme cantidad de objetos y procesos –de la rueda al rascacielos, del control del fuego a la bomba atómica, de la escritura a la computadora- que constituyen el mundo de la cultura.

Conforme las sociedades se van tornando mas complejas y en particular desde la consolidación del capitalismo como modo de producción, desde la Revolución Industrial –iniciada en el Reino Unido a fines del siglo XVIII y que alcanza su apogeo a partir de la segunda mitad del siglo XIX en algunos países europeos y en los Estados Unidos- la acción de proyectar, el Diseño, se escinde de la acción de producir, asumiendo la primera el carácter de profesión.

En la actualidad la actividad del diseñador, cualquiera sea la especialidad en la que se desempeñe, consiste en proyectar, a partir de un encargo profesional, en el interior de un horizonte estético y tecnológico determinado y siguiendo una metodología racional, que no excluye –o no debería excluir- la emergencia de lo lúdico, productos que cumplirán funciones prácticas o simbólicas, de mayor o menor complejidad operativa y sígnica, que, fabricados de manera industrial, están destinados, bajo la especie de mercancías, a ser consumidos por un mercado determinado.

Si los productos diseñados, producidos y comercializados responden a necesidades reales de los usuarios o si sólo son el resultados de necesidades artificiales inducidas , -o directamente, producidas- gracias al recurso de la Publicidad por la empresas que los fabrican, es una cuestión siempre abierta a la polémica y que excede el propósito de este texto.

Si bien la facultad de proyectar, como ya dijimos, es con-natural a cada sujeto, como condición irrenunciable de su ser-en-el-mundo, la acción profesional de diseñar, vinculada necesariamente a procesos industriales de producción, surge como tal en la medida en que las sociedades alcanzan un cierto nivel de desarrollo económico que requiere la figura del diseñador que controle la eficiencia de la producción del artefacto, en términos de función, forma, materialidad, proceso y significación, y nos de función, forma, materialidad, proceso y significación, y empresa como la satisfacción del usuario.

Ahora bien ¿existen en los países latinoamericanos las condiciones –económicas, sociales, culturales y políticas- en las cuales el diseñador, en el sentido antes señalado, cumple en efecto una función socialmente necesaria que lo legitime como tal?. Sobre todo tomando en consideración que nuestro concepto del Diseño, relacionado con algún grado de actividad industrial o agro-industrial de carácter capitalista, excluye la actividad artesanal, en la cual proyecto y producción son realizados por la misma persona –actividad que caracteriza a muchas de las economías existentes en Latinoamérica.

Se plantean entonces dos problemas que deben ser dilucidados: primero, la cuestión siempre polémica de cual es, en realidad, el ser de Latinoamérica –si es que tal ser, en su sentido precisamente ontológico, existe- y, segundo, en qué categoría encuadrar la ingente producción –ciudades, edificios, utensilios, herramientas, objetos, vestimenta, comportamientos - de los pueblos originarios que se incluyen, incurriendo en un serio error conceptual, en el llamado arte precolombino –como más delante se verá.

Si te gustó la introducción de este ensayo, descarga el artículo completo desde aquí: Descargar (pág- 53-61).

Fuente:
Cuaderno del Centro de Estudios en DyC [Ensayos] Vol. 26. Agosto, 2008.
Artículo original: Cuaderno Nro. 26 del Centro de Estudios de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. (Pág. 53-61).

Gustavo Valdés de León: Diseñador Gráfico (Escuela Panamericana de Arte). Operador Grupal (Escuela Abierta de Psicología Operativa). Profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.
Gustavo Valdés de León es profesor de la Maestría en Diseño de la Universidad de Palermo (UP) y bajo mi opinión uno de los mejores docentes con que cuenta la UP.

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