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18 agosto 2008

Avatares del Diseño Latinoamericano

Latinoamérica en la trama del Diseño.
Entre la utopía y la realidad


Por: Gustavo Valdés de León

Avatares del Diseño Latinoamericano

Considerando la complejidad del conglomerado de hechos y situaciones que entraña la cuestión Latinoamérica, hasta aquí apenas esbozada, la cuestión de la existencia –empírica y teórica- de un Diseño Latinoamericano es tan conflictiva y contradictoria como Latinoamérica misma y, como ésta, ha accedido a la condición de mito.

Como hecho empírico al Diseño Latinoamericano consistiría en la colección, heteróclita, dispersa, innumerable, de todos los objetos diseñados y producidos en el interior del espacio geográfico y político que se designa convencionalmente como periodizados de diferentes maneras –incluyendo en dicha colección la rica producción artesanal.

Ello no significa que, mas allá de su común ubicación espacio-temporal, tal colección de objetos se presente a la mirada del investigador como un conjunto ordenable que responda a determinados patrones conceptuales y formales y a modalidades compartidas de uso capaces de otorgarle una cierta organicidad.

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Por el contrario, y a esto contribuye la precariedad teórica lamentablemente consubstancial a la disciplina, el Diseño Latinoamericano no constituye un objeto de estudio claro y preciso, tanto en sus contenidos como en su temporalidad, pasible de ser abordado con herramientas (perdón, la palabra está de moda) conceptuales consensuadas científicamente.

Desde el planteo mismo del problema se hace notar la presencia de términos equívocos o polisémicos que no son, sólo, producto de la general ignorancia sobre Latinoamérica –ignorancia que se presenta como sentido común- sino, mucho peor, de conocimientos utilizados en función ideologizante, Veamos, entonces, algunos de los avatares del Diseño en nuestro continente.

El Diseño, tal como lo hemos descripto, ha existido como práctica individual y social desde que América existe. Ahora bien, ¿desde cuándo existe América?. Gracias a la Arqueología es un hecho probado la existencia de sociedades organizadas con un alto grado de sofistificación cultural, implantadas en regiones del centro y el sur de nuestro continente por lo menos desde 2000 años ANE. La producción de objetos de diseño, es decir, artefactos útiles tanto por sus prestaciones funcionales como simbólicas en la vida cotidiana de los pueblos originarios -remotos descendientes de las oleadas migratorias que llegaron a éste continente, vía estrecho de Behring, hace por lo menos 45.000 años según las hipótesis mas creíbles- cubre todo el espectro de las necesidades prácticas de sociedades complejas y organizadas: las monumentales cabezas esculpidas en piedra de la cultura olmeca, las pirámides escalonadas de Teotihuacán, los estadios para el ritual juego de pelota, el centro ceremonial maya de Chichén Itzá (designado Nueva Maravilla del Mundo, según la reciente y publicitada encuesta organizada vía Internet por la Fundación New 7 Wonder) y de Tikal, entre otras, los frescos de Bonampak (también de origen maya), las gigantescas instalaciones líticas del Macchu Picchu (también proclamado Maravilla del Mundo según la encuesta antes citada), las estelas talladas de Quiriguá y Copán, los sistemas de sembradío en terraza de los agricultores incas, además de la inabarcable cantidad de prendas, herramientas, utensilios y objetos destinados al adorno personal, a los rituales religiosos y al uso cotidiano, así como los sistemas protoescriturales –glifos, códices, quipus- constituyen la irrevocable demostración material de la existencia de un Diseño originario, funcional a las demandas de aquellas sociedades.

No obstante, este vasto conjunto de centros urbanos, edificaciones, artefactos y comportamientos ha sido relegado, no inocentemente, en los museos y en los textos, a la innocua categoría de arte precolombino, con lo cual todos estos objetos, diseñados en función de concretas demandas sociales, terminan convertidos en obras de arte aptas únicamente para la contemplación hedonista y el placer estético, desgajadas de la trama social que les dio origen, uso y sentido. El mismo término (precolombino) resulta inadecuado en tanto otorga existencia fáctica a los pueblos originarios y a su cultura en virtud de haber sido descubiertos por Colón, acontecimiento sin el cual no existirían –al menos para la mirada europea que, con este expediente, al descubrirlos, autoriza su ser incorporándolos a la Historia. En realidad, las culturas originarias fueron incorporadas, con una fuerte carga negativa, al imaginario occidental después de Colón, por lo que resultaría más razonable designarlas post colombinas.(2)

Los objetos de este primer diseño elaborados con materiales preciosos –oro, plata, pedrería – fueron de inmediato rapiñados por los conquistadores ávidos de fáciles riquezas; aquellos que sólo poseían valor simbólico fueron destruidos por el fanatismo militante de los frailes de la Contrarreforma –que legitimaron, como muchos integrantes de la Iglesia en los años del Proceso en la Argentina de los 70, la rapiña y el exterminio físico del diferente – considerándolos expresiones de idolatrías diabólicas, opuestas a la verdadera religión.

Hasta donde sabemos las culturas originarias no tuvieron, ni podían tener, conciencia de su origen común; a la llegada de los conquistadores las organizaciones político-religiosas mas importantes, aztecas e incas, sólo tenían una implantación territorial limitada, sin contactos recíprocos ni conciencia alguna de orden continental (esto es, en términos actuales, americano).

La utopía americanista aparecería mucho después.

En síntesis, el Diseño Latinoamericano en sus orígenes históricos ni fue latino ni fue americano: aunque suene paradojal, el Diseño latinoamericano , como ahora se entiende dicho término, es anterior a la propia existencia de América Latina.

Fuente:
Cuaderno del Centro de Estudios en DyC [Ensayos] Vol. 26. Agosto, 2008.
Artículo original: Cuaderno Nro. 26 del Centro de Estudios de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. (Pág. 53-61).

Gustavo Valdés de León: Diseñador Gráfico (Escuela Panamericana de Arte). Operador Grupal (Escuela Abierta de Psicología Operativa). Profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.

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