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14 agosto 2008

Acerca de Latinoamérica

Latinoamérica en la trama del Diseño.
Entre la utopía y la realidad


Por: Gustavo Valdés de León

Acerca de Latinoamérica

La pregunta acerca de qué es Latinoamérica y lo latinoamericano no tiene por ahora una respuesta que dé cuenta cabal, exacta y exhaustiva de la compleja heterogeneidad de factores y acontecimientos que configuran ese magma que se ha convenido en designar con dicho término.

En principio (Valdés de León, 2007) Latinoamérica se define como pura negatividad respecto de “América” (el nombre que los europeos asignaron al “Nuevo” Continente) término que terminó siendo apropiado tempranamente por los Estados Unidos “de América”, desde la independencia de las colonias británicas, con arrestos totalizantes y expansionistas: América Latina es lo que no son los Estados Unidos, América Latina es la América que no es anglo-sajona. En consecuencia, lo primero que se destaca positivamente del vocablo es el énfasis semántico puesto en el carácter étnico, por no decir racial ni racista –categorías politicamente incorrectas- del término latino, en oposición al carácter WASP (1) de la América no-Latina. Es sabido que tal denominación no fue producto del pensamiento latinoamericano –si, en efecto, tal categoría existe- sino una construcción europea, producto ideológico de la lucha entre las potencias del Viejo Continente por la hegemonía mundial en la segunda mitad del siglo XIX. Por lo demás, sintomáticamente, el vocablo latino excluye ex profeso a los pueblos originarios de “América” sobre cuyo sustrato, étnico y cultural, Latinoamérica ha sido construida. Otras denominaciones propuestas por autores nativos tales como “Hispanoamérica”, “Iberoamérica”, “Indoamérica”, o “Amerindia”, cada una de ellas con su correspondiente carga ideológica y una visión particular de la historia no tuvieron, afortunadamente, mayor fortuna.

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En rigor de verdad el único rasgo identitario común de la nación latinoamericana es el carácter mestizo de la mayoría de sus población –y de su cultura- por más que las élites ilustradas de algunas ciudades sudamericanas –en particular Buenos Aires y, con menos pretensiones, Montevideo, capital de la “Suiza de América”- se empeñaran durante mucho tiempo en proclamar un presunto –y presuntuoso- talante europeo, no- latinoamericano: las crisis económicas y políticas de principios de siglo en la Argentina trajeron, entre otras consecuencias, la bolivianización de la arrogante Buenos Aires desnudando su fatal condición sudamericana, su inexorable matriz sudaca.

No está demás agregar que la genealogía mestiza de Latinoamérica ha generado y sigue generando situaciones de tensión nacional y social –que han terminado por naturalizarse- cuando nó de abierta discriminación que no oculta sus raíces racistas. En os países con fuerte presencia de descendientes de los pueblos originarios –en acelerado proceso de aculturización- los sectores mestizos reniegan de sus ancestros indígenas -al extremo que la palabra indio ha tomado la categoría de insulto- al tiempo que dichos sectores, numéricamente importantes, son desvalorizados por las minorías supuestamente blancas, es decir, con un menor grado de mestización, minorías que, generalmente, detentan el poder económico, político y militar. Por otra parte y sobre todo en los centros urbanos tanto blancos como mestizos comparten un común rechazo a negros y mulatos –descendien tes americanizados de la gran masa de esclavos capturados a la fuerza en el Africa y trasladados a América para servir en las plantaciones hasta mediados del siglo XIX- así como a las más recientes oleadas inmigratorias de origen asiático.

Inclusive en aquellos países, como la Argentina, en los cuales de importación masiva de europeos se asumió como política de Estado, la afluencia de inmigrantes fue cuestionada por la élites criollas, la oligarquía patricia, - temerosas del carácter plebeyo y contestatario de tal inmigración- acuñándose el término nativismo en oposición a la chusma extranjera y extranjerizante -portadora del virus internacionalista del marxismo o del anarquismo- y cuyos descendientes de primera generación iban a constituir la base electoral –y clientelística- del yrigoyenismo –primer movimiento político popular latinoamericano, madre de todos los futuros populismos.

En las grandes ciudades de los países relativamente más ricos de Latinoamérica que por tal condición, las más de las veces puramente imaginaria, atraen a ciudadanos de países vecinos, relativamente mas pobres, las capas medias locales discriminan a los recién llegados con motes peyorativos y racistas, tales como bolitas, paraguas, chilotes o perucas, expresión lingüística de los profundos sentimientos xenófobos que abrigan importan tes sectores urbanos contra sus hermanos latinoamericanos.

Esta discriminación adquiere connotaciones clasistas cuando este conjunto –en el cual se incluye a los pobres del propio país- son designados genéricamente como negros villeros -efecto no deseado de la prédica indigenista de fray Bartolomé de Las Casas. Actitud indudablemente racista que está en la raíz de las tendencias nacionalistas y autoritarias, desde la Ley de Residencia y la Liga Patriótica Argentina en adelante. No está demás recordar que, al menos en el Virreynato del Río de la Plata, la Revolución de Mayo, además de representar legítimas reivindicaciones nacionales, fue la resultante de los conflictos de intereses comerciales entre la mayoría criolla y la élite peninsular, a diferencia de la Emancipación Americana que fue el resultado del enfrentamiento de ingleses contra ingleses.

Por otra parte, la expresión “América Latina” al mismo tiempo que exhibe un contenido de orden étnico, como tal cuestionable y conflictivo, oculta al mismo tiempo las condiciones económicas de carácter estructural que marcan de manera indeleble a nuestro continente desde el momento de su descubrimiento.

En efecto y a diferencia del tipo de desarrollode las posesiones británicas de Norteamérica, la conquista y colonización de la América Hispánica se concentró en la expropiación violenta de sus riquezas naturales, primero mediante el saqueo de metales y piedras preciosas y mas tarde en la explotación extensiva de la tierra, lo que condujo a formaciones económicas meramente extractivas –el cerro de Potosí, en el Alto Perú, rico en plata de extrema pureza, fue prácticamente trasladado a España para mayor gloria de la Corona- que utilizaban mano de obra esclava o semiesclava gracias a los repartimientos con que los reyes beneficiaban a los colonizadores, hasta concluir con el agotamiento de las minas y una ploblación diezmada.

Esta práctica condujo, ya en período republicano, a la formación de economías primarias de exportación (cereales, ganado, café, frutas tropicales, añil, maderas, café, metales, etc.) muchas de ellas basadas en el monocultivo que, al tiempo que satisfacían las demandas alimentarias y de materias prima de los países industrializados imposibilitaron por siglos el surgimiento de formaciones económico-sociales modernas, de proyectos industriales capitalistas y, consecuentemente, de mercados internos sustentables y burguesías nacionales dinámicas y progresistas. Cada locomotora que se importaba del Reino Unido, con alto valor agregado de tecnología y diseño, que para los ilustrados del sigloXIX representaba el acceso al progreso y la modernidad, retrasaba por años la instalación de industrias siderúrgicas y metalúrgicas en nuestros países –y el desarrollo de la ingeniería y del Diseño industrial, innecesarios para esta lógica económica. Cada corte de casimir inglés –por lo demás manufacturado con materia prima local- importado junto con los correspondientes figurines postergaba por decenios el surgimiento de la industria textil y de un diseño de indumentaria con rasgos nacionales. Las mismas prácticas regresivas se pueden verificar en las distintas ramas de la economía, hasta hoy: en la Argentina, aprovechando una coyuntura mundial favorable la oligarquía rural exporta masivamente soja obteniendo enormes beneficios, como contrapartida, el país debe importar la tecnología digital, con mucho más valor agregado, indispensable para su funcionamiento.

Recién en el período de entreguerras del siglo XX y como efecto de la crisis mundial del capitalismo se da inicio en algunos países (Argentina, Brasil, México, entre otros) a procesos de industrialización por sustitución de importaciones que, en algunos casos, tuvieron continuidad en el tiempo al amparo de gobiernos con vocación nacional –tachados, por supuesto, de populistas. La Revolución Industrial, causa y efecto del Diseño moderno, llegó tarde y mal a Latinoamérica, lo que explica –junto a otros factores concurrentes- su atraso respecto a los modelos económicos y políticos europeos: más que una cuestión coyuntural, o peor aún, cultural, el subdesarrollo latinoamericano tiene su origen en una historia devenida estructura: la expropiación salvaje de las riquezas de “Las Indias” –que no eran inagotables- contribuyó estratégicamente –la acumulación originaria- al financiamiento del capitalismo industrial europeo, al precio de imposibilitar en la práctica el desarrollo de economías capitalistas modernas en nuestros países.

Este atraso estructural, que determina un atraso correlativo en las disciplinas proyectuales, también está relacionado, siguiendo a Max Weber (1969) con los principios ético-religioso, radicalmente diferentes, que legitimaron los procesos colonizadores en Norteamérica, por un lado, y la América hipánico-portuguesa, por el otro. La ética protestante fomentaba el afán de lucro de las burguesías anglosajonas, presentando el trabajo como un deber cristiano pero limitando el disfrute de su producto, destinando parte de éste al ahorro, propiciando de esta manera la acumulación de capital. Contrariamente la ética del catolicismo de la Contrarreforma –hegemónica en todo el período de la conquista y colonización- privilegió los aspectos espirituales, postulando la pobreza como virtud evangélica (es mas fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los cielos) y demonizando la posesión de bienes materiales, convertida en pecado, al mismo tiempo que acumulaba para sí una enorme riqueza ad majorem gloriam Dei.

Fuente:
Cuaderno del Centro de Estudios en DyC [Ensayos] Vol. 26. Agosto, 2008.
Artículo original: Cuaderno Nro. 26 del Centro de Estudios de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. (Pág. 53-61).

Gustavo Valdés de León: Diseñador Gráfico (Escuela Panamericana de Arte). Operador Grupal (Escuela Abierta de Psicología Operativa). Profesor regular de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Miembro del Consejo Asesor de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es docente en otras universidades e Instituciones.

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