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06 junio 2008

Otra vez, el Diseño VIII:
Las instancias del proceso proyectual

"Este texto ha sido producto de la reflexión colectiva surgida de nuestra tarea docente en el seminario Sociedad y Diseño en la Posmodernidad que hemos conducido en el marco de la Maestría de Diseño de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo en el segundo semestre del 2006".

Valdés de León, G.A.

5. La forma

Conforme las “ideas” o imágenes mentales que impulsan el proyecto, es decir, las numerosas posibilidades que se abren a éste –o que éste va abriendo, según como se lo mire- van siendo ordenadas y adquieren cierta entidad, el diseñador procede a representarlas mediante imágenes visuales de diferente tipo (tipográficas, icónicas, geométricas) dando paso a una serie de bocetos teóricamente indefinida. Según del género de diseño del que se trate los bocetos serán solamente visuales, esto es, bidimensionales, o adquirirán la materialidad de maquetas, modelos o prototipos, sin perder la condición de objetos “inconclusos”, característica de esta etapa.

En este proceso, cuyo duración estará sujeta a la complejidad propia del proyecto, el objeto va asumiendo –o mejor, se lo “fuerza” a que vaya asumiendo- en elproceso de su configuración o Gestaltung una “forma” determinada. Ahora bien, ¿qué factores objetivos determinan que adquiera esa “forma”y no otra?.

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En la versión funcionalista (L. H. Sullivan, A.Loos, H. Muthesius, W. Gropius, M. van der Rohe y otros “pioneros del diseña moderno”) tal configuración estará supeditada estrictamente a la función que el objeto debe cumplir, cualquier aditamento formal o“decorativo”-será considerado superfluo o directamente delictivo (Adolf Loos ) No es casul entonces que en la década del ’80 cuando la hoy inexistente ADG (Asociación de Diseñadores Graficos de Buenos Aires) se propuso definir el Diseño no encontró mejor solución que hacerlo como aquella disciplina que posibilita la creación de “formas útiles al hombres”: la “forma” en tanto utilidad delataba la impronta funcionalista de aquella propuesta.

La consideración a la sensorialidad visual y/o táctil del usuario, es decir, la consideración a la sensualidad o calidez de la forma por encima de su “pureza” matemática es retomada por Bernhard Burdek quien en la estructura de la Teoría comunicativa del producto la incluye con el nombre de funciones estético-formales, en paridad con las funciones prácticas, incorporando además las funciones simbólicas (Burdek, B. op. cit.)

En este nuevo paradigma, o “funcionalismo ampliado”, la forma disfruta de una relativa autonomía en relación a la funcionalidad del producto –autonomía que quedará acotada por dicha función, la cultura del diseñador y el horizonte artístico de la época- pero no es independiente del producto: la exacerbación formal arrastraría al objeto -otra vez - al territorio minado de las artes, en especial de aquellas no referenciales, o autorreferenciales, como la música, que consisten, precisamente, en la creación y articulación sintáctica de formas puras, sin relación con objeto alguno. Véase o, mejor, escúchese, El clave bien temperado de Juan Sebastian Bach para verificar placenteramente este aserto.

El problema de la forma se complejiza al incluir en su análisis la cuestión de las “estéticas”, a nivel social, y la cuestión del “gusto”, a nivel individual, categorías que son moldeadas por los medios masivos que imponen como modelos la banalización, la superficialidad y la maníaca avidez de novedades. Además la estética de los objetos está sujeta a los frívolos vaivenes de la moda y su irrevocable “tendencia”a la uniformización a partir de la segmentación del mercado en dos grandes sectores, el de gusto “refinado” o fashion, limitado a sectores “exclusivos”, por excluyentes, de las clases altas o medio-altas -para las cuales se diseña- y el de gusto “popular”, propio de las clases bajas, que quedará limitado a la imitación servil y degradada de aquellas “estéticas”, al uso de prendas de “marca” truchas y, en fin, al kitsch. Por otra parte la “forma” del producto, al margen de las prestaciones específicas de éste, es confundida a propósito con su “diseño” –de allí la expresión de que un producto tenga “mas” o “menos” diseño-, con lo que termina siendo instrumentada como eficaz argumento de marketing.
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