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05 junio 2008

Otra vez, el Diseño VII:
Las instancias del proceso proyectual

"Este texto ha sido producto de la reflexión colectiva surgida de nuestra tarea docente en el seminario Sociedad y Diseño en la Posmodernidad que hemos conducido en el marco de la Maestría de Diseño de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo en el segundo semestre del 2006".

Valdés de León, G.A.

4. La utilidad

El objeto en diseño esta destinado desde su origen a cumplir alguna función práctica, a ser útil para alguien; tendrá, por lo tanto, un determinado valor de uso. Debemos advertir que la cualidad de “utilidad” del objeto es relativa al sector o clase social al que nos estemos refiriendo: lo que es inútil para unos, por caso los desechos domiciliarios, es útil, cuando no indispensable, para otros, en este caso para los cartoneros urbanos. La utilidad del producto se realiza en el acto de su uso o consumo por el público en el escenario urbano o doméstico generando conductas sociales, esto es, cultura.

La utilidad, es decir, la función, de algunos productos consiste en reducir el gasto energético de los usuarios potenciando sus capacidades físicas y sensoriales (herramientas, instrumentos, utensilios, vehículos) mejorando su calidad de vida. Otros productos, en cambio, están destinados a la autosatisfacción hedonista de los usuarios, a “completarlos” imaginariamente en su tiempo “libre” haciéndolos participar –en tanto, y aquí si cabe el término, meros receptores pasivos y manipulables- del mundo “mágico” del espectáculo y el simulacro, el mundo virtual de las industrias culturales.

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Por otra parte la utilidad de los productos portadores de información se realiza en el acto de ser mirados o leídos por la mirada colectiva, su función comunicacional se agota en la instantaneidad del contacto visual: la utilidad del objeto se consume al ser “consumido” por la mirada social y, como tal, desaparece, devorado por el transcurrir mismo, tal como ocurre con los innumerables avisos, afiches, diarios y otros productos efímeros que día tras días se nos arrojan a los ojos.

Otros productos fincan su utilidad práctica en el propósito de seducir al usuario “envolviendo” a otro producto en envases atractivos que estimulen su compra –versión moderna de los vidrios de colores de los primeros Adelantados- al grado que en muchos casos el envase o “packaging” pasa a ser mas importante que el contenido, lo que aumenta su precio Que el apreciado envase, una vez extraído o consumido el producto se convierta en “basura” forma parte de la lógica consumista. La utilidad de los productos suntuarios, trátese de objetos de elevado costo o de los que se pueden adquirir en las tiendas de “Todo por dos pesos” es de carácter simbólico y será analizada mas adelante.

La lógica de la acumulación de capital exige como condición ineludible la demanda siempre creciente de bienes y servicios que pueda absorber la –también- siempre creciente producción de objetos, como resultado de las innovaciones tecnológicas y del aumento de la productividad. Las relaciones entre la oferta y la demanda no están regidas por la “mano invisible del mercado”, como postulaba Adam Smith en el siglo XVIII, sino por la “mano”, bien visible y además audible, de la Publicidad de masas que opera –con la inapreciable cooperación de batallones de sociólogos, psicólogos, semiólogos, “creativos” y diseñadores- sobre la radical incompletud del ser-en-el–mundo y su permanente “avidez de novedades” (Heidegger, op. cit.)

En efecto, el discurso incesante e imperativo de los medios masivos apunta, literalmente, a persuadir, y si hace falta, a convencer, a sus “blancos móviles”, los sujetos que conforman el público, que aquella incompletud –que, insistimos, es radical e irremediable- puede ser colmada –o al menos “suturada”-mediante la adquisición del producto que, mas allá de las funciones prácticas que cumple y en función de las cuales ha sido diseñado, le garantiza su acceso a la felicidad –en la dialéctica publicitaria, el interjuego de “beneficios” y “promesas” en el cual el sujeto queda cautivado, esto es, cautivo. Como tal “efecto” es pasajero –y el vacío no cesa- los medios presentan un “nuevo” producto que –ésta vez sí- le proporcionará la ansiada completud –y así hasta el infinito. La alternativa ética del “ser o no ser” ha sido sustituida por la mas pragmática del “tener o no tener”, la posesión del objeto deviene la condición de ser del sujeto. ¿Serán estas las “necesidades del hombre” –esa pasión inútil al decir de Jean Paul Sartre- que el Diseño pretende “satisfacer”?

Este recurso se hace particularmente evidente en la publicidad de artefactos tecnológicos en la cual cada serie - por caso, celulares- es presentada como producto de la “ultima “ tecnología, lo que no obsta para que al día siguiente aquellos modelos sean reemplazados por otros “mas” nuevos que son producto de la (nueva) “última” tecnología: la obsolescencia prematura y programada del producto constituye parte de su “utilidad” en la lógica del sistema puesto que obliga al usuario a desecharlo a corto plazo y a reemplazarlo por un nuevo modelo, permanentemente.

En definitiva, si las empresas, en especial las grandes corporaciones, pueden producir su propia demanda para los objetos que producen, asegurando su colocación en el Mercado, pueden también adjudicar a sus productos y servicios una supuesta cualidad de “utilidad”, como resultado del proceso de diseño, aunque tal “utilidad” sea, en última instancia, de carácter meramente “simbólica”, o lo que es lo mismo, meramente semiótica.

De todos modos la utilidad como instancia y condición del objeto en diseño constituye un criterio práctico de demarcación con respecto a la práctica social que, por convención, se designa como “Arte” que se caracteriza, precisamente, por su radical inutilidad en orden a los problemas de la vida cotidiana –vivienda, alimentación, vestimenta, transporte, comunicación- que el Diseño intenta, con mayor o menor fortuna, resolver y que al “Arte”, por fortuna, le resultan indiferentes puesto que, siguiendo a Kant, su “función” es absolutamente “desinteresada”.
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