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03 junio 2008

Otra vez, el Diseño II:
Interludio filosófico

"Este texto ha sido producto de la reflexión colectiva surgida de nuestra tarea docente en el seminario Sociedad y Diseño en la Posmodernidad que hemos conducido en el marco de la Maestría de Diseño de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo en el segundo semestre del 2006."

Valdés de León, G.A.

Interludio filosófico

La década de los años veinte, en la Europa de posguerra, fue un período singularmente intenso en la vida politica y cultural, expresión de la aguda lucha de clases que se libraba por entonces en el continente y en el mundo.

En Viena Sigmund Freud publica Psicología de las masas y análisis del Yo (1922), El porvenir de una ilusión (1927 y El malestar en la cultura (1929), obras mediante las cuales el psicoanálisis se introduce en el campo de las Ciencias sociales. En el ámbito mas amable de la música florece la llamada Segunda Escuela de Viena (Alban Berg, Arnold Schöemberg y Anton Webern) que marcará con el atonalismo y el dodecafonismo el desarrollo de la música del siglo XX.

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En la Alemania de Weimar, agobiada por las duras condiciones que el Tratado de Versalles le ha impuesto, surge el movimiento Die Neue Sachlichkeit o Nueva Objetividad integrado, entre otros, por Otto Dix, Georg Grozs y Max Beckman quienes junto a Kurt Schwitters y Helmut Herzfelde –mas conocido como John Heartfiel- producirán, en el cruce del dadaísmo y el expresionismo, una formidable obra gráfica de crítica social y de denuncia del por entonces ascendente nazismo. En la cinematografía el expresionismo alcance su cima con Robert Wiene (El gabinete del doctor Caligari), Friedrich W. Murnau (Nosferatu, M el vampiro de Dusseldorf) y Fritz Lang (El doctor Mabuse y Metrópolis) En 1925 la Staatliches Bauhaus es expulsada de Weimar y se traslada a Dessau donde será definitivamente cerrada en setiembre de 1932, mientras Bertolt Brech y Kurt Weil estrenan La ópera de dos centavos , André Breton publica en París (1924) el Primer Manifiesto del Surrealismo y en la Exposición de Artes Industriales y Decorativas de 1925, también en Paris, el Constructivismo Soviético –Vladimir Maiacovsky, Alexandr Rodchenko. Lazar (El) Lissitzky, entre otros- se da a conocer internacionalmente como el arte del joven estado de obreros y campesinos. Por lo demás ese mismo año Serguei Eisenstein estrenaba , pero en Moscú, El Acorazado Potemkin, film que inaugura el potente cine soviético: Dziga Vertov, Vsevolod Pudovkin, Alexandr Dovchenko, entre otros. (Para un examen mas completo del Constructivismo ver Valdés de León, G.A. 2006.

Tal es el Zeitgeist reinante en la convulsionada República de Weimar cuando Martin Heidegger (1889-1976) publica en 1927 Sein und Zeit -Ser y Tiempo en la tardía traducción (1951) de José Gaos- obra clave del pensamiento filosófico contemporáneo y que pone en cuestión al sujeto cartesiano, soberbio en su abstracta racionalidad, y problematiza la separación epistemológica entre sujeto y objeto, dicotomía clásica de la filosofía de la conciencia y de las teorías del conocimiento que sustentaron desde Descartes el proyecto de la Modernidad.

Lo propio del hombre, sostiene Heidegger, es ser-en-el-mundo, es ser-ahí, Dasein: es ser el ser que se interroga por el Ser –la pregunta fundante de la filosofía occidental desde Parménides, Demócrito y Heráclito. El ser del hombre arrojado al mundo, e-yecto a él, es un ser “arrojado hacia sus posibilidades”. Al contrario de las cosas o entes el Dasein no es un “ser presente” sino un “poder ser” que se realiza, pero no se “completa”, en el tiempo. Este es la condición de la posibilidad del Dasein –así como el Dasein es la condición de la posibilidad del mundo- y de la pregunta por el Ser. Si el ser de las cosas en su presencia, el ser del hombre es su posibilidad, su ser-en-el-mundo, entendido no como mera contigüidad sintáctica sino como unidad dialéctica: ser-en-el-mundo es ser en el tiempo, el Dasein es su perpetuo devenir –cuyo fin es la muerte, la imposibilidad de todas sus posibilidades.

En la dimensión de la temporalidad, existenciario del hombre (continúa Heidegger) la posibilidad, el “poder ser” se realiza como pro-yecto, como anticipación de lo porvenir, movimiento por el cual el hombre “construye” el mundo en el que es: hay mundo porque hay un ser-ahí que lo instrumenta para sí, no como soberbio “acto de voluntad” –o peor aún, como”acto de razón”- sino, mas bien, como “acto de necesidad”: el ser “arrojado al mundo” para poder ser se asume como proyecto.

Pero (recordemos que Heidegger está escribiendo en una Alemania que asiste atemorizada al irreversible ascenso del nacional-socialismo) el Dasein es, también, un ser histórico, adviene en un mundo que ya existe, que lo antecede –el mismo lenguaje ha sido producido por “otros”- y que lo condiciona, limitando sus posibilidades de ser. En ese mundo, que es éste, nuestro mundo, el Dasein se enajena de sí mismo, de su proyecto y “cae” en el mundo del se: lo que se dice, lo que se hace, lo que se comunica –y agregaríamos, lo que se diseña. En ese mundo (prosigue Heidegger) la Publicidad (que por entonces no había todavía alcanzado el enorme poder moldeador de conciencias que hoy ostenta) cumple la función de “regular” toda interpretación del mundo, “oscureciéndolo todo”, produciendo un efecto de aplanamiento del sujeto, de aniquilamiento de las posibilidades del Dasein que queda reducido al “estado de interpretado”, por el poder de los medios.

Agregaríamos –y esto corre por nuestra cuenta- que en la actual circunstancia posmoderna el sujeto ha sido, en efecto, reducido a la miserable condición de receptor en tanto es literalmene “emitido”, “diseñado” según Hall Foster (2002),“producido” por el mundo del se, el mundo de la mercancía, los medios y la virtualidad, en el cual el sujeto renuncia a su condición de tal, renuncia a sus posibilidades quedando limitado a una sóla, la de consumidor, receptáculo dócil para la realización de las posibilidades de los “otros”.

No obstante (concluye Heidegger)–y aquí se perciben resonancias del pensamiento de Nietzsche- el Dasein, que es “cada uno”, siempre tiene la posibilidad de ser el auténtico proyecto de sí mismo, rehusándose al proyecto que los “otros” han diseñado para él.

De la lectura de Heidegger –para la cual nos estamos basando en la serie Qué es la filosofía. Una introducción al saber de los saberes que José Pablo Feinmann viene publicando en Página 12- se desprende que el Diseño en tanto proyecto, en tanto posibilidad, es condición de la existencia del hombre que en él se realiza y, en otro orden, que el Diseño y la Filosofía, si bien corresponden a distintas modalidades del pensar y del hacer, pueden ser recíprocamente iluminantes.
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