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02 junio 2008

Otra vez, el Diseño I:
El hombre como ser que proyecta

"Este texto ha sido producto de la reflexión colectiva surgida de nuestra tarea docente en el seminario Sociedad y Diseño en la Posmodernidad que hemos conducido en el marco de la Maestría de Diseño de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo en el segundo semestre del 2006."

Valdés de León, G.A.

El hombre como ser-que-proyecta

La capacidad de proyectar es la condición fundante de la existencia humana: como consecuencia de su inermidad física, el hombre; desprovisto de la velocidad, la fuerza, las “armas” defensivas y ofensivas de otras especies, para poder sobrevivir en el mundo hostil o, en el mejor de los casos, indiferente, al cual ha sido “arrojado”, se vió obligado a recurrir a la invención y producción de artefactos, esto es, objetos artificiales, verdaderas prótesis que progresivamente –la historia del diseño, la historia de la técnica- fueron aumentando su potencial predador hasta convertirlo en la especie dominante.

Condición necesaria, también, para que este proceso pudiera concretarse fue, sin duda, la invención del lenguaje, la capacidad de simbolización, de poder representar y representarse la realidad mediante signos, que los hombres fueron construyendo, trabajosamente, a lo largo de milenios, condición o existenciario –el lenguaje- exclusivo de la especie, que posibilitó su acceso al mundo de la cultura, produciendo un corte radical e irreversible con el mundo “natural”, el mundo de la zoología –del cual proviene.

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En el origen, la invención y construcción del artefacto exigió un elemental empleo del lenguaje –el artefacto debe ser designado con un nombre, así como sus componentes, las operaciones de su fabricación, sus modalidades de uso y las conductas que éste determina- puesto que solamente podemos pensar con palabras; del mismo modo la producción y uso del artefacto diseñado implicó una, aunque mínima, organización social, -con la consiguiente e inevitable comunicación intersubjetiva- en cuyo interior y merced al trabajo socialmente organizado el artefacto pudo ser producido, sometido a prueba, reproducido, utilizado y perfeccionado, en función de los conocimientos técnicos adquiridos en la práctica, acumulados y transferidos.

El proceso histórico de apropiación e instrumentación del mundo material –esto es, de la “Naturaleza” -por el hombre, y en el cual el proyecto desempeña el rol central, comenzó por la apropiación, modificación y rediseño de la “propia” naturaleza humana: adopción definitiva de la posición erecta, transformación del aparato fonador, desarrollo de la mano como órgano prensil y la consiguiente complejización del córtex cerebral: en vez de “adaptarse” al medio –de adaptar su organismo a las exigencias incoercibles del medio, como, según Charles Darwin, ocurrió con el resto de las especies vivas- el hombre adaptó el medio a sus necesidades de sobrevivencia (y lo sigue haciendo) y de esta manera al ser en el mundo fue construyendo el mundo para ser. Fue por medio del Diseño, entendido como proyecto y producción de artefactos, que el hombre abandona aquel idealizado “estado de naturaleza” y pone ésta a su servicio.

Como fue dicho, este proceso, de estirpe faústica, no hubiera sido posible sin el lenguaje que permite que un “objeto” real o imaginario –no como “cosa” sino como concepto- materialmente ausente –e, incluso inexistente- pueda ser convocado, representado, mediante el significante correspondiente y permite, a los interlocutores en el diálogo, construir, con la sumatoria y combinatoria reglada de otros significantes, el acto comunicacional, el intercambio simbólico, efecto y condición de la cultura y la sociedad.

Por lo demás la invención y producción de artefactos sólo fue posible mediante la implementación de un tipo particular de simbolización: el proyecto o prefiguración, operación intelectual por el cual un objeto, que no existe en el tiempo “actual”, es comvocado imaginariamente en un movimiento de anticipación de un estado de cosas deseado – o temido- inexistente al momento de proyectar: el futuro, por decirlo así, es “traído” al presente y será modificado positiva o negativamente por un acto de voluntad impulsado por un propósito, obtener o impedir aquel probable estado de cosas, en el marco de un horizonte tecnológico determinado, iniciándose así el proceso del Diseño que irá derivando de la mera empiria al “oficio” regido por las “reglas del arte” y de éste a la categoría de disciplina universitaria.

Podríamos aquí arriesgar algunas, provisorias,
conclusiones


Si se acepta que la instancia del proyecto es la condición diferencial específica del proceso de Diseño, coincidiremos en que éste, en tanto proyecto, es el acto fundante de la condición humana puesto que esta instancia es inseparable del proceso de apropiación del mundo material, mediante el trabajo socialmente organizado.

En el proceso de diseño y producción del artefacto el hombre fue modificando su propia “naturaleza” puesto que al tiempo que diseña artefactos diseña también comportamientos sociales, de donde, al decir de Saussure, lo único “natural” en el hombre es que es un ser artificial, en tanto es producto del diseño que él mismo ha producido.

Por lo tanto, en sentido amplio, antropológico, no disciplinar, resulta legítimo considerar como acto de Diseño a cualquier actividad humana, individual o social, que incluya de manera deliberada la variable tiempo –en futuro, por supuesto- como condición necesaria de tal actividad –dando por supuesto un razonable grado de factibilidad. En este sentido entendemos como acto de diseño el proyecto y puesta en práctica de un designio, de la índole que fuere, mediante el trabajo –propio o ajeno, manual o intelectual-, en el interior de un escenario social determinado.
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